Lo que el desarrollo puede hacer por el Amazonas

Editorial Construir

El pasado mes de agosto pasó el incendio que más conmovió al planeta entero, el “Pulmón del Planeta” ardía en llamas. ¿Cómo podemos ahora ayudar a recuperarlo?

Por: Gillio Alessandro Francesa Campos, Director de Planificación Urbana de la Municipalidad de Montes de Oca.

Este 15 de agosto, el Instituto Nacional de Investigación Espacial (Brasil) publicó fotografías satelitales en las que se aprecia la magnitud de las quemas, que, con fines de abrir espacio para la actividad humana, se han realizado en el Bosque del Amazonas. Hoy, a pesar de las advertencias de la comunidad científica y el desmayo de grupos ambientalistas alrededor del globo, el bosque sigue en llamas, acercándonos minuto a minuto al “punto de no retorno” del calentamiento global.

Existe una valiosa lección que el urbanismo puede aprender de esto: La vida ciertamente depende de la protección del ambiente, ¡pero también de la explotación de los recursos naturales! El “Pulmón del Planeta” no es sostenible, porque el 50% de los habitantes de la región amazónica -una de las más ricas en recursos del mundo- vive debajo de la línea de la pobreza.

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Asimismo -en la escala municipal- mientras los propietarios de terrenos urbanizables tienen la posibilidad de explotar económicamente el suelo, los propietarios de terrenos destinados a la conservación deben hacer frente al costo económico de proteger el ambiente, sin recibir una compensación económica por este servicio. Estas prácticas urbanísticas son insostenibles, porque condenan a los municipios rurales a altos índices de pobreza, con una única salida: la urbanización.

En Costa Rica, el artículo 50 de la Constitución Política liga el derecho a un ambiente ecológicamente equilibrado con los deberes de estimular la producción y distribuir la riqueza. ¿Cómo podemos incorporar estos valores a nuestro desarrollo sostenible? El pago de servicios ambientales es un avance simbólico en este sentido, pero también es insostenible, porque se financia mediante el impuesto a los hidrocarburos. Un sin sentido si el país avanza hacia la descarbonización.

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El artículo 31 de la Ley Orgánica del Ambiente nos ordena utilizar intensivamente el espacio urbano. Es bien sabido que el aumento de la densidad de los centros urbanos, acompañado de espacios públicos de calidad y  la promoción de los usos de suelo mixtos (compacidad), puede mantener la ciudad fuera del campo y garantizar lugares vibrantes y agradables para vivir. Esta estrategia, acompañada de algunos instrumentos de gestión del suelo puede financiar la protección del ambiente, sin recurrir a complejas maniobras fiscales o la filantropía.

La transferencia del potencial edificable es un instrumento normativo que permite a operaciones inmobiliarias estratégicas traspasar la edificabilidad que el Plan Regulador le permite, comprando el “derecho a construir” que de una propiedad rural de menor valor. La transacción ofrece al propietario de la finca que emite el derecho una contraprestación por el servicio ambiental que ofrece y no una carga o limitación arbitraria sobre su derecho.

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Las normas de edificabilidad (cobertura y altura) también pueden incentivar los proyectos que cedan áreas verdes en la ciudad, dentro de una estricta lógica de orden económico y ecológico. No todas las áreas verdes urbanas son estratégicas, los patios traseros generalmente se terminan impermeabilizando debido a que están fuera del ojo de las autoridades las amenidades obligatorias de los condominios, son poco utilizadas. Todas las áreas verdes mandatorias deben ir al frente y afuera, donde puedan ser utilizadas intensivamente.

Algunos municipios también han optado por colocar cargas económicas a los lotes baldíos. Este incentivo hace que sean utilizados, manteniendo la ciudad dentro sus límites, dinamizando la economía y facilitando el acceso al suelo urbano al reducir los precios que la especulación tiende a inflar.

Si cada metro cuadrado (urbanizado) de las 100 ciudades más grandes de América Latina, compensara con $1 anual la conservación de los bosques del continente, en 20 años se lograría -reconociendo un valor de US$2500 por hectárea- financiar el Amazonas. ¡Con un uso intensivo del suelo urbano, esta meta se podría alcanzar mucho antes del 2050! Y para el siglo XXII habríamos alcanzado una sostenibilidad global verdadera ¡patrimonio de las ciudades!

 

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