Lo que un líder debe saber sobre certificaciones verdes

Carolina Benavides

Normas como las ANSI, ISO y UL son las más sonadas en el gremio constructivo tanto de la región como del mundo entero.

En el mundo existen distintas instituciones que promueven las certificaciones, una de las más conocidas es el Underwriters Laboratories (UL), una compañía científica independiente de la seguridad global con más de un siglo de experiencia en soluciones innovadoras en sostenibilidad, energías renovables y nanotecnología.

Esta empresa durante su trayectoria se ha enfocado en emplear procesos científicos rigurosos con altos principios éticos. De acuerdo con datos del UL España, cuando la marca UL aparece en un producto significa que dicho ente realizó ensayos en muestras representativas del mismo y que determinó que cumple con las normativas vigentes u otros requisitos aplicables con respecto a su potencial riesgo de incendio, descarga eléctrica y peligros mecánicos.

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Asimismo, indican que la marca UL en un artículo representa la conformidad del fabricante con la normativa vigente de forma continuada. Cada año UL otorga su marca de seguridad a más de 20.000 millones de productos en todo el mundo.

Una de las certificaciones que brinda dicha compañía es la UL 723 para la densidad del humo de un material. La misma, es un método de prueba para las características de combustión superficial de materiales de construcción que por su propia calidad estructural o la manera en que se aplica, es capaz de resistir en sí en la posición de ser soportado en el horno de pruebas a un espesor comparable a su uso previsto.

Por otro lado, también existen las normas ASTM que es el acrónimo de American Society for Testing and Materials, que según explican en la Asociación Española para la calidad, esta es una de las organizaciones internacionales de desarrollo de normas más grandes del mundo que reúne a productores, usuarios y consumidores, entre otros, de todo el mundo, para crear normas de consenso voluntarias.

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Una de ellas que aplica para el sector de la construcción es la ASTM E 136 de incombustibilidad, que determina que un material no inflamable es uno que no se enciende, quema, favorece la combustión o libera vapores inflamables cuando se somete al fuego o al calor, en la forma en que se usa y según condiciones anticipadas.

En esta prueba, una muestra del material se ubica en un horno de tubo de cerámica que funciona a 1382 °F. Si se produce una llama luego de los primeros 30 segundos, la muestra de la prueba pierde el 50% o más de su peso, o si la temperatura de la muestra de la prueba sube más de 54 °F, el material falla y se considera inflamable.

El mercado también cuenta con las normas ASME que significa American Society of Mechanical Engineers, asociación de profesionales, que ha generado un código de diseño, construcción, inspección y pruebas para equipos, entre otros, calderas y recipientes sujetos a presión.

Una de las acreditaciones que otorga esta entidad es la de soldadura ASME, la aprobación de estos sellos implica que el depósito de presión cumple con las normas y reglamentos, por lo que además es considerado como un producto de calidad internacional. La evaluación para optar  esta certificación abarca el diseño, la fabricación y la inspección de seguridad para depósitos a presión.

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A la vez, las normas del Instituto Norteamericano de Normalización (ANSI) han destacado en el sector de la construcción. El mismo coordina la elaboración y uso de normas acordadas voluntarias en Estados Unidos. Una normativa de este tipo implica un acuerdo entre aquellos a quienes concierne de forma sustantiva el alcance y las estipulaciones de la misma, y tiene por objeto servir de guía al fabricante, al consumidor y al público en general. Las mismas están sujetas a revisiones periódicas, y se advierte a los usuarios consultar siempre las últimas ediciones de las mismas.

ANSI supervisa la creación, expedición y la implementación de miles de normas que son utilizadas por las empresas de todos los sectores. Establecen normativas para una amplia gama de áreas desde construcción, producción, energía, tecnología y especificaciones eléctricas.

Otras normas que son importantes para el sector son las ISO (Organización Internacional de Normalización), que se han convertido en herramientas prácticas para empresas, gobiernos y sociedad para el desarrollo sostenible de variables económicas, ambientales y sociales. Una de las más sonadas es la ISO 9001, certificación de gestión de calidad y la ISO 14001 de gestión ambiental.

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Además, existe el sello Low VOC, que garantiza una menor emisión de vapores y da especial valor para obtener la certificación LEED (Leadership in Energy & Environmental Design) en edificaciones.

Centroamericanos dicen sí a las normas

En todo el mercado de la región centroamericana se pueden encontrar productos y soluciones que cuentan con distintas normas y certificaciones que lo respaldan. Incluso, algunos países de Centroamérica cuentan con entidades que las regulan como es en el caso de Costa Rica.

Los costarricenses tienen el Instituto de Normas Técnicas de Costa Rica (Inteco), que es el ente nacional de normalización. Es una organización de carácter privado, cuya misión es desarrollar la normalización del país con el soporte de los servicios de evaluación de la conformidad y productos relacionados a nivel nacional e internacional. Inteco colabora con el sector gubernamental y apoya al sector privado del país, para lograr ventajas competitivas en los mercados interno y externo.

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Para el gremio constructivo dicha entidad tiene a la disposición las normas nacionales INTE, normas internacionales ISO, y normas ASTM entre otras. En la actualidad existen más de 230 normas nacionales que establecen requisitos para diversos tipos de productos y materiales para su compra, fabricación, uso y resguardo o almacenamiento.

De acuerdo con Cristián Leñero Testart, presidente de la Junta Directiva de Inteco, entre las normas desarrolladas hay para tubería plástica y sus accesorios; cemento hidráulico, barras de acero al carbón lisas y corrugadas, concreto premezclado, láminas de fibrocemento, aislamiento térmico, tubos de concreto reforzado para alcantarillas, morteros, mampostería, elementos prefabricados de concreto, agregados y adoquines.

También existen normas de métodos de ensayo por ejemplo la determinación del índice azul de metileno para la caliza y ensayos de reacción al fuego, normas para dibujo técnico, salud y seguridad en el trabajo.

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Un sector comprometido con el ambiente

Al ser la industria de la construcción un sector que impacta directamente en el medioambiente a la hora de extracción y fabricación de materiales, diseño de la edificación, así como en la gestión de la obra y sus residuos, la misma se ha comprometido a tener mayor conciencia con el planeta.

Ante esta situación se empezaron a impulsar en el gremio distintas certificaciones como LEED , un programa de certificación independiente que se convirtió en el punto de referencia a nivel nacional aceptado para el diseño, la construcción y la operación de construcciones y edificios sustentables de alto rendimiento.

De acuerdo con datos del U.S. Green Building Council, la misma está disponible para todos los tipos de construcción incluyendo: los proyectos nuevos y las remodelaciones de gran magnitud, edificios existentes, los interiores comerciales, estructura y fachada, escuelas, centros de salud, establecimientos comerciales y el desarrollo de vecindades.

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En Centroamérica uno de los mercados más fuertes en materia de certificación LEED es Costa Rica, pues es el país que cuenta con más edificaciones certificadas (40), seguida por Panamá. Según explicó el Arq. José Cordero, director ejecutivo del Consejo Verde, esto se debe a que los costarricenses han comprendido la importancia de edificar de forma sustentable.

Incluso en este país centroamericano, en el año 2015 se impulsó una nueva herramienta de certificación, la EDGE (Excellence in Design for Greater Efficiencies) y abarca como punto principal el ahorro en el costo de las construcciones eco-amigables. Esta norma es un sistema de certificación de construcción para los mercados emergentes creado por el IFC, miembro del Grupo del Banco Mundial, que posibilita a los constructores optimizar sus diseños de forma medible, lo que genera que un proyecto inmobiliario sea más promocionable y una mejor inversión para el comprador.

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