Catedral de Comayagua, la joya arquitectónica de Honduras

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Por su estilo barroco es considerada entre las más bellas del continente. La edificación posee tres naves y cinco cúpulas, una sola torre con ocho campanas, y un tercer piso que aloja al milenario reloj moro donado por el rey Felipe III.

Honduras destaca a nivel de Latinoamérica por la cantidad de monumentos históricos que posee, entre los que resalta la catedral de Comayagua, catalogada como una joya arquitectónica de gran importancia cultural representativa de la época colonial.

Construida entre los siglos XVII y XVIII en honor a Santa María, se erige como la primera Catedral de América, que por su arquitectura estilo barroco ha sido considerada entre las más bellas del continente.

La iglesia se encuentra ubicada en la Plaza Central de la ciudad de Comayagua, zona central de Honduras, en una parcela de media manzana de las 36 que ocupan el casco histórico de esa urbe.

La edificación posee tres naves y cinco cúpulas, una sola torre con ocho campanas, y un tercer piso que aloja al milenario reloj moro donado por el rey Felipe III; siendo el más antiguo de América que aún se encuentra en funcionamiento.

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La fachada principal está compuesta en tres cuerpos y un remate mixtilíneo. Según el ordenamiento renacentista, comprende una calle central y dos calles laterales divididas por 14 columnas lisas, mientras que su decoración es netamente barroca, de una gran influencia inspirada en la flora y fauna de la localidad.

De acuerdo con datos del Instituto Hondureño de Antropología e Historia (IHAH), alrededor de 18 pueblos indígenas trabajaron en la construcción del monumento católico. Su estructura es de paredes de adobe y techo de teja con artesanado. Cuenta además con 10 ventanas que iluminan su interior y tiene cinco cuerpos divididos por diez pilastras cruciformes que forman arcos formeros.

Según los datos del IHAH, su cimentación fue iniciada por el entonces obispo Alonso Vargas y Abarca, continuada por el obispo fray Juan Pérez Carpintero y terminada por el obispo fray Antonio López de Guadalupe. Tras el terremoto de 1774, fue reconstruida por los arquitectos Mariona Estrada y Manuel Ramírez.

A inicios del presente siglo fue restaurada en su totalidad, como parte del proyecto de rehabilitación del centro histórico de la ciudad, obra dirigida por el IHAH, con la colaboración de la Agencia de Cooperación Española.

 

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