Confort Visual: Un ingrediente esencial para nuestra salud y bienestar

En medio de la enorme cantidad de información visual a la que nuestros ojos y cerebro están siendo sometidos constantemente, no solo en forma de publicidad impresa o digital sino también en el constante uso de herramientas tecnológicas que de alguna forma nos facilitan la tarea diaria, sentimos que después de un periodo de tiempo nuestro cuerpo abogando al yo interno nos reclama un descanso. En este momento pareciera que debemos correr con alguna especie de suerte para que las condiciones del ambiente en el que nos encontremos nos puedan aportar bienestar y salud emocional, hablando tanto del entorno laboral o incluso en el hogar.

Nuestros ojos tienen la cualidad de adaptarse al entorno, esto quiere decir que el ambiente puede estar poco o muy iluminado y estos harán su tarea adaptando la cantidad de luz para que nuestro cerebro pueda interpretar lo que nos está rodeando en ese momento.

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Pero esto también significa que al encontrarse con las condiciones no apropiadas debe esforzarse más de la cuenta, lo que conlleva a una fatiga visual. Imaginemos nuestros músculos después de horas de ejercicio en un gimnasio. Será normal sentirnos cansados o no rendir lo suficiente.

Es entera responsabilidad de quienes estamos involucrados en el diseño de espacios, proporcionar las condiciones adecuadas para el óptimo desempeño de nuestras actividades diarias. En términos lumínicos esto significa en equilibrio idóneo entre la luz natural que permitimos ingresar al espacio y la luz artificial que cubrirá eficientemente aquello que deba ser iluminado.

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Esto significa que ya no se trata solamente de encender una lámpara y dejar caer luz por casualidad, detrás de un eficiente diseño de iluminación están participando varios actores que ejecutan su papel a la perfección, por un lado la normativa que está generalmente apoyada en estándares internacionales sobre salud y bienestar y por otro lado el entendimiento del usuario y su interacción con el espacio que está siendo iluminado.

Pensemos por un momento que dentro de la historia de nuestra existencia, la luz natural ha sido parte fundamental en nuestros patrones de conducta y evolución. Nuestro reloj interno y la forma como funcionan nuestros órganos está marcado por las horas de claro y obscuro, significa que la luz del sol a través de nuestro ojos tiene una importante influencia sobre nuestra mente y cuerpo, la forma como vemos el mundo está determinada por la lucidez con la que la luz natural ilumina las cosas.

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Habiendo dicho lo anterior pareciera una incoherencia no dar paso a lo natural cuando diseñamos en términos de iluminación. De hecho la normativa europea nos indica que deberíamos iluminar de forma natural al menos el 50 por ciento del espacio diseñado con un rango entre 250 y 350 luxes durante la mitad de las horas del día y entre 50 y 150 luxes durante todas las horas del día. Entonces la luz artificial vendría a cubrir el porcentaje de luz que fuera necesaria y útil para respuestas mucho mas puntuales. Lo que lógicamente se puede traducir en ahorro tanto en términos de energía como en el presupuesto del proyecto.

También es importante tomar en cuenta que el exceso de luz o en términos lumínicos, una iluminancia que supere el estándar que sugiere la norma, puede generar deslumbramiento e incomodidad en el usuario. Un ambiente de trabajo o lectura que por ejemplo supere los 600 luxes puede llegar a causar la misma fatiga y por lo tanto verse reflejado en el bajo rendimiento de las personas. El mismo efecto puede ser causado por el alto contraste entre luminancias, o sea, brillo y obscuridad en áreas relativamente pequeñas, causando estímulos de percepción visual y sensación psicológica negativas.

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El entendimiento y profundización de estos conceptos son clave para que nuestro diseño transmita bienestar y pueda traducirse en eficiencia, rendimiento óptimo y salud, tanto física como mental. Un espacio mal diseñado en términos de lo intangible siempre será juzgado de manera negativa en la respuesta tangible del usuario, de forma directa o indirecta, en el mediano y largo plazo.

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